Monday 16th of July 2018 05:36:47 AM

¿A qué sabe el café más caro del mundo?

Valentina Pedrotti

¿A qué sabe el café más caro del mundo?

Hace ya casi 2 años tuve la oportunidad de visitar la Speicherstadt Kaffeerösterei; una reconocida tienda/tostadora ubicada en la amurallada ciudad de Hamburgo, Alemania. La estructura de ladrillos y tuberías superficiales recrean un escenario industrial que te traslada, inmediatamente, a unos cuantos siglos atrás.

La frialdad del edifico se aligera una vez que entras a la tienda/tostadora. La fragancia a café recién tostado, el realismo de los trabajadores cargando sacos de henequén y la innumerable cantidad de cafés provenientes de todo el mundo, crean una experiencia única.  Al pasar entre aquella majestuosidad dedicada al café, pude ver, en una esquina, una vitrina que separaba los cafés comerciales de las joyas exóticas.

Por supuesto, mi curiosidad me dirigió hacia ese punto. De manera elegante y exclusiva, se exhibían un número limitado de cajas muy minimalistas con cafés exóticos. Y en medio de aquel escenario, se encontraba el famoso Kopi Luwak, el café que por muchos años fue catalogado como el más caro del mundo.

[Si no lo saben, este es un café proveniente de las heces de un mamífero (la civeta) de Indonesia, que se alimenta de las cerezas del café. Estas heces son recolectadas y posteriormente procesadas para el consumo humano. Se considera que parte de su “perfil exótico” se debe a la gran cantidad de reacciones químicas que se desatan en el tracto intestinal del animal].

Sabía que mi encuentro fortuito con el Kopi Luwak debía aprovecharlo. Por lo tanto, compré una cajita de 125gr por 35 Euros. Y por supuesto, lo primero que hice al llegar de mi viaje fue probar el codiciado café.

Para la preparación, pesé, meticulosamente, el café en una relación 1:16.  Calenté el agua hasta obtener una temperatura de 90°C y completé la infusión alrededor de 2:30 min usando como sistema de preparación un V60. Luego de esperar un minuto para obtener una temperatura agradable al paladar, tomé el primer sorbo.

 En mi mente, siempre tuve una  imagen idealizada  de este café. Sin embargo, la realidad fue otra. Al leer las especificaciones en la etiqueta (un paso importante antes de comprar un café y que no hice por dejarme llevar por la emoción del momento)  entendí lo que estaba probando.

Se trataba de un Catimor de unos 1000 metros  de altura sobre el nivel del mar.  Es decir, un café con una línea genética perteneciente al robusta. Una especie reconocida mundialmente por aportar atributos como cuerpo en la taza, más no dulzor y complejidad en el sabor. Así mismo, la altura se vio reflejada por su mediana acidez. Realmente, luego de esta experiencia, puse en duda cual sería el mágico efecto de las reacciones químicas intestinales  de la civeta en el café. En definitiva, el café que durante muchos años fue el más caro del mundo, me dejo un tanto decepcionada.

Seguidamente, probé otro café que había comprado. Se trataba del “18 conejos” proveniente de Honduras. A pesar de venir en una presentación mucho más discreta, se trataba de un café realmente agradable y limpio al paladar. Bravo por Honduras!.

 

Han pasado los años y el título del café más caro del mundo se trasladó al continente Americano. Específicamente, a Panamá, a una comunidad llamada Boquete. Para mi suerte, Boquete ha sido mi área de residencia en los últimos años. Esto me ha permitido, no solo vivir en carne propia el auge del café panameño, sino además, probar, nuevamente, el café más caro del mundo. 

En esta ocasión, el título del café más caro del mundo lo ostenta un Geisha, realizado bajo un proceso Natural, ubicado a 1900 metros sobre el nivel del mar, perteneciente a la Finca Elida. Mi encuentro con este café fue, nuevamente, un tanto fortuito. Durante el evento más importante de café de Panamá, el Best of Panama en el 2018, pude asistir como visitante. Justo ese día, se presentó la categoría de Geishas Naturales.  En una mesa de 8 cafés, personalmente, escogí 4, que a mi punto de vista, eran cafés muy especiales por su complejidad e intensidad.

Pero, ¿a qué sabía, específicamente,  el café ganador? Personalmente, lo más sorprendente de este café fue la intensidad de cada una de sus notas. Fue muy fácil poder identificar los cítricos a limoncillo, así como el jazmín y las evidentes notas de melocotón tan características de esta variedad. Todo ello exacerbado en intensidad de sabor, aroma, fragancia y after taste. Este café logró un precio en subasta de 803$/libra. Un precio que, ciertamente, abre un debate importante en la industria del café.

Para culminar, quiero recurrir a una frase que define al arte, pero que también puede ser aplicable al café: “El arte [así como el café] será lo que quiera el artista [el productor], los patrocinantes y por último, el mercado.

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Gabriela P.

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